Inspirado y adaptado, a medias, de un cuento infantil, y a medias, de la realidad... Víctor trabaja desde hace un año sin ord..
| Home | My Account | Directories |
De nueve a seis
Published on 2012-05-11 14:39:29
Inspirado y adaptado, a medias, de un cuento infantil, y a medias, de la realidad... Víctor trabaja desde hace un año sin ordenador. Por eso mismo es feliz, y está a punto de ascender. Trabaja sin ordenador por culpa de sus jefes. Todos saben que en cualquier oficina, de nueve a seis, deambulan unas criaturas terribles llamadas jefes. Durante el resto del día son insignificantes individuos, de hecho nadie sabe ni siquiera si existen. Uno puede encontrárselos por la calle e ignorarlos, o por el contrario dirigirles la palabra o incluso soltarles alguna colleja. No pasa nada, fuera del horario laboral parecen corderitos. Pero de nueve a seis todo es muy distinto. En el momento en que se abren las puertas de la empresa y se encienden las luces en la oficina, nos hallamos a merced de esas bestias. Sin embargo, de nueve a seis, Víctor es feliz trabajando en la oficina, sin ordenador. Cada trabajador describe a sus jefes de manera distinta. Por lo tanto, hay tanta variedad de jefes como de trabajadores. Un grupo de jefes distintos por cada currante distinto. Pero a Víctor eso se la trae al pairo, porque es feliz trabajando en la oficina, de nueve a seis. Todos los oficinistas saben que lo único que los puede defender de los jefes son las pantallas de ordenador. Si los brazos, las piernas o incluso parte del tronco, quedan a la vista, no importa, siempre que la cabeza quede oculta por la pantalla. Las pantallas hacen al trabajador invisible a los jefes, que nunca miran en esa dirección. Puede que sean las radiaciones del monitor, su forma o color, lo que sea, pero no falla, la pantalla del ordenador es segura. Víctor no necesita ordenador y eso que trabaja en la oficina, de nueve a seis. Qué trabajador no sabe que aunque la mesa de oficina esté pegada a la pared y protegida por una mampara, los jefes aprovechan cualquier descuido para echarte una bronca, encargarte un montón de trabajo o cargarte con cualquier otro marrón. Si te ocultas bien detrás de la pantalla, puedes holgazanear a gusto. Y si tienes ganas de hacer pis, mejor esperar a que sea la hora del café, uno no puede arriesgarse. Pero Víctor va y viene cuando le apetece, y después, se pone a trabajar tan tranquilamente en sus cosas de nueve a seis, y sin ordenador. Víctor se apuntó a un curso CEAC de robótica por correspondencia, y al acabar se gastó un sueldo entero en cables, piezas mecánicas, microprocesadores y baterías. Una mañana, al sentarse en su mesa de trabajo, olvidó ocultarse tras la pantalla. Sus compañeros, parapetados en sus respectivos monitores, ni siquiera tuvieron el valor de avisarle. Justo en el momento en que dieron las nueve, los jefes salieron de su guarida y se abalanzaron sobre él. Pero el chico se levantó y, sin inmutarse, les plantó cara. Lo que les dijo y les hizo es mejor no contarlo. Pero de repente, la puerta de la oficina se abrió, alguien entró como un rayo y se sentó en su mesa de trabajo. Era Víctor, que había engañado a los jefes haciéndoles atacar a otro Víctor cibernético y teledirigido. Desde entonces ya no utiliza el ordenador y se dedica a trabajar, tan feliz, en lo que le apetece, y los jefes tienen que ocultarse detrás de sus monitores si quieren estar tranquilos de nueve a seis. SEO services provided by Search Engine Optimization Add blog to our blog directory.
read more: De nueve a seis