La Primera Vez (Fragmento)

"Aún recuerdo esas noches en que los sueños iban disolviéndose lenta y perezosamente mientras eran reemplazados sutilmente por ..

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La Primera Vez (Fragmento)

Published on 2011-08-24 09:01:00

"Aún recuerdo esas noches en que los sueños iban disolviéndose lenta y perezosamente mientras eran reemplazados sutilmente por esa mano cálida que iba sintiendo en mi hombro y pecho, acariciándome lentamente como si no quisiera despertarme, prolongando y eternizando el momento que quedaría registrado por siempre en nuestras mentes y cuerpos. Mientras despertaba lentamente, poco podía saber cuánto tiempo habíamos estado en contacto físico, si había algo más detrás de esa sensación placentera que su contacto me producía o si era sólo mi febril imaginación la que me hacía sentir que más que un contacto casual era una suave, sutil y lenta caricia sensual. Una noche extremadamente fría me encontraba descansando entre mis imaginarios nocturnos y esa conocida, familiar y cálida caricia que con el transcurso de los días había aprendido a esperar desde el refugio de mis sueños me traía de nuevo a instantes de placer… pero esta vez, en un súbito momento de deseo fue mi mano la que se encontró con la suya, aprisionándola, prolongando el contacto mutuo en lo que debería ser una caricia eterna. Moviéndome lentamente desde la inconsciencia del sueño hacia el calor de ese ser humano deseado casi inconscientemente desde hace bastante tiempo, pude sentir como mis labios rozaban la piel de su brazo, lo suficientemente cerca como para embriagarme de su olor, justo en el momento que sentía su otra mano ahora anidando entre mis cabellos y que bajaba ahora por mi espalda. Poco a poco, paso a paso, dejamos que nuestras pieles se comunicaran sin aparecer aún las palabras. Ya no había lugar a dudas, estábamos hermanados en el goce mutuo. Éramos ahora cómplices del deseo. Dejando atrás el velo protector del sueño me incorporé lentamente en la oscuridad hacia el lugar cercano donde debería estar esa persona ahora deseada, pues apareció ante mí como la materialización de un sueño de adolescencia que llegó a mí de la manera más sutil posible y que aún permanecía oculto tras la oscuridad que nos rodeaba. En un momento sorprendente mis labios se toparon con los suyos y probaron por vez primera la ambrosía de los besos verdaderos que embriagan de placer y reducen poco a poco la voluntad, como empujándonos a un remolino que se teme pero desea a la vez. Cuando nuestros labios se separaron, lo escuché levantarse de la cama, dirigirse hacia la puerta del alojamiento y salir. ¿Qué sucedería después? ¿Debería salir? No sé cuantos minutos estuve pensando que hacer, pues a veces el deseo para nosotros los humanos se nos presenta con vestiduras de temor. Pero es ese temor precisamente el que nos impulsa a darle al deseo su satisfacción, al vencedor invicto de cada batalla que libra. Lentamente, con cuidado de no hacer demasiado ruido, tanto por consideración con el descanso de mis compañeros como por las dudas que tenía respecto a hacer lo correcto, tomé mi chaqueta y salí a su encuentro. Sabía que este era mi momento. Al salir del alojamiento, una oleada de frío intenso y cortante me recibió junto al fulgor de millones de estrellas esparcidas al azar en la cúpula negra que nos cubría. Cuando pude reponerme del impacto recorrí con mis ojos la meseta de la montaña y ahí estaba él. Pude ver su silueta recortada inmóvil contra el cielo, esperando quizás. Poco a poco me fui acercando en silencio sabiendo perfectamente que cada paso que daba en su dirección era un paso que me acercaba a mis deseos mas profundos, reprimidos y negados durante largos años. Me detuve cuando estuvimos frente a frente, tan cerca que pudimos descubrir la desnudez de nuestras almas en esos otros ojos. Nuestras manos se apresuraron a acariciar nuestros cuerpos por debajo de las chaquetas abiertas en una coreografía que se ejecutaba coordinadamente la primera vez, cuando solo había sido practicada en distantes sueños de adolescencia. Podíamos sentir la mezcla peligrosa del frío cortante de los fuertes vientos con el calor intenso de nuestros cuerpos, nuestros labios que entraban en contacto y comunión una vez más, la cercanía creciente entre los dos como para disolvernos en uno solo descubriendo el placer de encontrarnos a nosotros mismos al perdernos en el cuerpo de alguien más. Este es un fragmento del libro "Hombres de Acero y Terciopelo" en el que relato las experiencias que vivi como soldado Colombiano de mision en la peninsula del sinai. adquiera el libro aqui. Follow my blog with Bloglovin

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