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Una economía posible (1): bisturí en lugar de machete...
Published on 2012-05-15 11:49:05
La presente entrada constituye el inicio de una serie de reflexiones sobre la brutal crisis económica y de legitimidad pública que estamos viviendo en la actualidad. Se trata de mantener vivo el compromiso contraído en su día con los lectores de estas "lentejas": investigar, pensar, analizar y proponer alternativas factibles para lo que ya no funciona. Y todo ello de la manera clara y comprensible. De brillantes tecnólogos está lleno el mundo; yo prefiero ser, con todas mis limitaciones, un humilde razonador. Me entristece que el debate de alternativas económicas se haya reducido a una paupérrima dicotomía entre austeridad y crecimiento. Las urgencias de los mercados originan soluciones de emergencia, remedios y remiendos apresurados que sólo parecen demorar futuras debacles. Tratamos de curar al enfermo con radioterapias masivas de liquidez y machetazos que cercenan de forma indiscriminada tanto la gangrena como el tejido sano. Pero la afección permanece, porque es sistémica, y sus efluvios malignos contaminan a quienes se acercan sin prevención. Como la materia corrupta o las aguas estancadas. Existe un consenso general en situar los orígenes de la crisis actual en la debacle financiera producida a finales de 2008. Hasta aquel momento, sólo algunos analistas (tachados de cenizos) habían presagiado la gravedad de los acontecimientos que se avecinaban: caída de los mercados, colapso de las instituciones financieras, déficit global de liquidez, crisis de deuda soberana de las naciones, rescates multimillonarios, guerra de divisas, etc. Desde ese "Pearl Harbour financiero", el mundo económico no ha vuelto a ser el mismo. Hoy en día somos tristemente conscientes de la fragilidad del sistema y de las implicaciones globales de dicha fragilidad. No obstante, resulta descorazonador e inadmisible comprobar como no se ha conseguido reparar ninguno de los grandes puntos de ruptura financieros que determinaron la presente debacle. Ninguno. Es más, todo a ido a peor: los paraísos fiscales funcionan a pleno rendimiento, los grandes movimientos especulativos se ejecutan con total impunidad, los lobbys financieros continúan oponiéndose a cualquier regulación sensata y el trading algorítmico, con todas sus enormes incertidumbres y opacidades, se ha impuesto en los principales parqués. Hoy en día hay 13 mercados bursátiles enlazados con plataformas de trading de alta frecuencia (HFT) y se conocen más de 40 dark pools financieros (pozos negros, el nombre lo dice todo). Las grandes entidades financieras supervivientes del crash de 2008 (muchas de ellas gracias a la ayuda pública) siguen actuando igual que entonces, con prácticamente idéntica libertad. Traders, banqueros de inversión, analistas cuantitativos, gestores de hedge funds y de sociedades de inversión colectiva siguen buscando maximizar el enriquecimiento a corto plazo, con el pretexto de "satisfacer a sus clientes y hacer los mercados más eficientes". Como ambos argumentos ya no son sostenibles sin insultar nuestra inteligencia, sólo queda el puro enriquecimiento de unos pocos, sean estos individuos, corporaciones o países. Que cada día son más y más ricos en detrimento de la mayoría. Para comprender y no repetir los acontecimientos de los últimos años es necesario acudir a los fundamentos de economía, pero también a la psicología y, en especial, a la ética. La irresponsabilidad, el egoísmo, la soberbia y la codicia han sido elementos perfectamente reconocibles en muchos actores económicos y políticos (y también en los ciudadanos). El individualismo a ultranza y la búsqueda del beneficio inmediato han dominado el mundo financiero reciente. La falta de referencias morales y la inexistencia de mecanismos de compromiso con el resto de la comunidad (por parte tanto de empresas como de gobernantes) determinaron modelos de desarrollo insostenibles, con las graves consecuencias económicas y sociales que todos conocemos. En resumen, el sistema financiero ha fallado estrepitosamente en su misión fundamental de servicio a la sociedad y a la economía productiva. Ahora, ya, sin más demoras, debemos sanar al enfermo de manera responsable. Y para ello no hacen falta machetes sino bisturís precisos en manos competentes y decididas. Restañar las principales hemorragias del sistema exige una acción priorizada, coordinada y supervisada a escala internacional sobre elementos y debilidades clave. Y, desde luego, requiere otra forma de "hacer economía", que además sea realizable y siga permitiendo generar riqueza. Dejaremos pues las utopías para los más jóvenes; siempre podrán iluminar el futuro. Con su ayuda, pensaremos en ello. SEO services provided by Search Engine Optimization Add blog to our blog directory.
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