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El tiempo verbal adecuado para una España a largo plazo
Published on 2012-05-04 13:14:08
Vivimos tiempos verbales extraños. Hoy en día nos hallamos transitando un presente nebuloso de indicativo, un lapso cuántico en el que la velocidad de los acontecimientos supera nuestra capacidad de análisis reflexivo. Sin embargo, ello no debería hacernos perder la perspectiva. Cualquier remedio de urgencia que queramos plantear para la economía española debería enmarcarse en una visión a largo plazo sobre nuestro país; de lo contrario, siempre estaremos superados por los acontecimientos y condenados a un comportamiento reactivo y cortoplacista. En mi entrada anterior defendía enérgicamente la necesidad un Pacto de Estado que reúna todas las fuerzas políticas, económicas y sociales. Una alianza estratégica para delimitar los pilares de nuestro Estado de Derecho, sacarlos del debate político y enmarcarlos en un modelo compartido y perdurable. Conocen ustedes mi opinión sobre cuáles deben ser dichos pilares: la educación, la sanidad, la defensa, la seguridad ciudadana, las infraestructuras comunes básicas y un sistema de protección y promoción social inclusivo por la vía de las oportunidades y no de las subvenciones. Todo lo demás me parece pompa y circunstancia. El principal impedimento es, como no podía ser menos, de carácter político. El horizonte temporal adecuado para una iniciativa como la descrita oscila entre 10 y 30 años, algo que se me antoja inasumible para el político de turno, el cual cifra sus expectativas y objetivos en períodos cuatrienales que buscan ante todo la reelección, esto es, su propia supervivencia en el aparato estatal. Además del necesario tiempo y del concurso de toda la sociedad, dicho Pacto debería articularse de forma coherente y sistemática. No hay que ser un brillante estadista para identificar sus elementos fundamentales; cualquiera que haya participado en un proceso de planeamiento exitoso puede describirlos: 1) En primer lugar, es imperativo disponer de una visión, identificar los objetivos estratégicos y definir las grandes líneas de acción nacionales. Esta debe ser la guía política fundamental del Pacto, consecuencia del consenso obtenido de toda la sociedad, con vocación de perdurar en el tiempo e independencia de los avatares políticos. Cuanto más claras sean las prioridades, mejor será la ejecución subsiguiente. En definitiva, los españoles debemos decidir qué queremos ser y hacia dónde queremos ir, y plasmarlo y refrendarlo, negro sobre blanco. No nos queda otra. 2) A continuación, deben prepararse escenarios consistentes para cada una de las grandes líneas planteadas. Proporcionan el enfoque y los detalles necesarios para transformar las orientaciones básicas en objetivos concretos. Es el momento de cuestionarse aspectos tales como: ¿Qué variables intervendrán, qué actores, qué relaciones entre unos y otros, cuáles son la bases conceptuales y los enfoques prácticos? ¿Qué alternativas existen? ¿Cuáles son sus ventajas e inconvenientes? ¿Cómo influirá el entorno? ¿Qué podemos esperar y qué no? Por una vez, estaría bien que el porvenir nos encontrara preparados, sin improvisaciones ni demagogias. 3) Desde luego, los recursos financieros disponibles constituyen otro factor esencial en el diseño del Pacto. Resulta indispensable efectuar estimaciones serias, sensatas y asumibles. En esta perspectiva de largo plazo, lanzar brindis al sol con previsiones de ingresos infladas e irrealizables conduce a la acumulación de carencias estructurales, que harán fracasar la mejor intención política. Lo mismo ocurre con la tentación de maquillar futuros gastos para hacer más atractivo el plan considerado. En los tiempos que corren, no nos podemos permitir más grandilocuencias insostenibles. Necesitamos articular sólidos programas marco, acordados en Cortes, que garanticen la viabilidad económica más allá de una legislatura. Y ser lo suficientemente honestos y valientes para respetarlos. 4) Junto con las consideraciones económicas,se deben identificar los elementos legales, culturales, demográficos y tecnológicos clave para facilitar el cambio esperado. De nuevo, hay que focalizar esfuerzos de manera eficiente y quedarnos con lo imprescindible. Elegir significa renunciar. En eso consiste la verdadera austeridad, en esa cualidad de sobrio, morigerado, sencillo, sin ninguna clase de alardes y rigurosamente ajustado a las normas de la moral. Renunciar. Permítanme que insista en esta acción, cuyo ejercicio exige una generosidad y una altura de miras difícil de encontrar, muy especialmente en el enquistado panorama político español, devoto de la acumulación de poder y de la permanencia en el cargo a todo trance. ¿Sería posible aparcar el improperio y la acusación constantes y buscar lugares comunes para salir adelante? La política no puede seguir siendo, como decía el gran poeta Paul Válery, ese arte de impedir a las personas tomar parte en aquellos asuntos que les conciernen. El destino de nuestro país nos concierne a todos y es muchísimo más trascendente que cualquier programa electoral. Hagamos pues que nuestro tiempo verbal acabe siendo un futuro razonablemente imperfecto y no un penoso pluscuaimperfecto de disjuntivo. SEO services provided by Search Engine Optimization Add blog to our blog directory.
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